Carta de Mel Broughton
Tras un reportaje flagrantemente sesgado sobre la condena a los activistas de SHAC, Jon Snow preguntaba de manera burlona: "¿Es este el final del movimiento por los derechos de los animales?". Los reportajes de la BBC no fueron mejores, eran básicamente un 30% de reportaje y un 70% de propaganda anti animalista. Si, las imágenes que se veían de una manifestación en aquellos reportajes no eran bonitas. Pero, echad un vistazo honesto y sincero a la historia social inglesa y encontraréis que se cometieron peores crímenes para conseguir libertades y derechos básicos.
Pero todos sabemos que esto no tiene nada que ver con una reflexión adecuada con las motivaciones que están detrás de los activistas por los derechos de los animales. Si no que es otro intento de eliminar cualquier simpatía por parte del público con aquellos que cuestionan la explotación masiva y el abuso de los animales. El propósito final no es acabar con el extremismo, si no acabar con las protestas públicas contra el abuso animal. El arma más efectiva contra cualquier movimiento es demonizarlo. De hecho, demonizarlo hasta que su mensaje pase a un segundo plano.
Y es aquí donde el movimiento por los derechos de los animales necesita ponerse las pilas. Se puede influenciar a la opinión pública con estereotipos negativos, y si a eso le sumamos la falta de reflexión, la hostilidad puede crecer. Sin embargo, sería un error caer en la trampa de pensar que la protesta pública es una actividad negativa. Es algo que sigue siendo esencial para difundir el mensaje animalista. Es algo que también requiere una reflexión cuidadosa por parte de todas las personas involucradas para hacer que las protestas sean lo más efectivas posible.
Centrarse en los tentáculos financieros que mantienen la explotación masiva de animales es comprensible, pero ahora el movimiento tiene que apostar por algo más amplio. Es necesario mostrarle al público con más fuerza lo que significa ser un ser vivo encerrado en un laboratorio o una granja. Para ello es necesario replantearse como deberían ser presentadas y conducidas las manifestaciones, pero hacer llegar ese mensaje es esencial. Claramente, aquellos en el movimiento por los derechos de los animales que lo han utilizado para disfrutar de sus excentricidades deberían quedar al margen. Igualmente, aquellos que se comportan de una manera que no hace avanzar al movimiento deben reconocer que no pueden seguir frustrando su evolución.
Para crear un nuevo enfoque necesitamos llegar a un acuerdo en algunos principios básicos. Estos principios deben ser aceptados por todo el espectro de activistas, de las organizaciones de base a las organizaciones nacionales e incluso por esos que se retuercen con la simple mención de los derechos de los animales. Hay varios objetivos en los que, claramente, todo el mundo estará de acuerdo, independientemente de su posicionamiento político y de lucha. Estos objetivos deberían cristalizarse y convertirse en palabras que puedan ser presentadas en páginas web, revistas de las campañas y en los panfletos de todos los grupos que participen en las campañas. Dichas demandas pueden ser la base de un conjunto de objetivos con un enfoque muy específico y con amplio apoyo que logre captar la atención de las mentes de aquellos que hacen las leyes que dictan las vidas de, literalmente, millones de animales.
Los comentarios de Jon Snow en las noticias del Channel Four, eran un ejemplo más de la atmósfera hostil en la que ahora mismo realizamos las campañas. Sin embargo, sus comentarios y la naturaleza absolutamente parcial de los reportajes sobre los activistas de SHAC representan solo una visión muy pequeña sobre el tema. La única respuesta correcta a los parciales y grotescos reportajes de los media es ignorarlos. La lucha por llegar a los corazones y las mentes del público es algo que el movimiento por los derechos de los animales puede conseguir aunque los media traten de impedirlo. Las bases del movimiento son los animales de
los que se abusa en todas partes. Sin ello, la difícil situación de millones de animales pueden caer de la conciencia del público (y no debemos permitir que eso ocurra). Los reportajes distorsionados y febriles sobre los activistas por los derechos de los animales en los media es el reflejo de un estado mental. Cuando se exponen verdades incómodas sobre el abuso animal en el que la mayoría toma parte de manera pasiva, el sistema legal y los media unen fuerzas para quitar importancia y marginalizar a quienes sacan a la luz estas verdades.
Mientras escribo esto estoy oyendo un reportaje sobre un hombre de Devon que fue condenado por causar sufrimiento innecesario a su gato. Este individuo puso a su gato dentro del microondas, después le puso en una secadora y finalmente en el congelador. Le condenaron a cuatro años de cárcel. Si hubiese torturado a su gato en el nombre de la ciencia, sin duda alguna, Jon Snow y la BBC le hubiesen dedicado un reportaje brillante.
Carta de Mel Broughton










